El Embajador Cultural Diplomático es nombrado por el Presidente mediante resolución del Consejo Directivo del Parlamento, previa revisión de candidatura y cumplimiento de los requisitos establecidos para tal cargo, con acreditación en el país de su residencia, con un periodo de cinco (5) años. Podrá ser renovada la confianza, siempre y cuando cuenta con la aprobación del Consejo Directivo del Parlamento Cultural Intercontinental mediante su resolución correspondiente.

El diplomático cultural es un cargo de gestión entre la creación, la participación y el consumo cultural. Un profesional capaz de ayudar a desarrollar el trabajo cultural, artístico e insertarlo en una estrategia social, territorial o de mercado. La profesionalidad de un Embajador hace viable un proyecto cultural en sus dimensiones económicas, sociales, políticas y territoriales. Así mismo, se considera que un Embajador Cultural Diplomático es un profesional cuando está debidamente cualificado o bien tiene experiencia en el sector, siendo esta la actividad principal por la que percibe una remuneración económica.

El Embajador Cultural Diplomático debe ser sensible y estar atento a los nuevos lenguajes creativos y a la creación contemporánea, con el fin de evitar el estancamiento conceptual y estético. Debe buscar, potenciar y difundir el debate, aportar nuevas visiones y formas de pensamiento. Es necesario contribuir a la creación del sentido crítico de la sociedad, antítesis del conformismo y preámbulo de una mayor exigencia de calidad y rigor.